Son dos de los masajes que más reservamos, y aunque a veces se piden como sinónimos, buscan cosas distintas. Aquí la diferencia real.
Qué busca cada uno
El masaje relajante se centra en aliviar la tensión muscular y el estrés acumulado: mejora la circulación general y te deja con sensación de bienestar de la cabeza a los pies. El drenaje linfático, en cambio, tiene un objetivo más concreto: estimular el sistema linfático para ayudar a eliminar el exceso de líquido retenido, ideal para piernas cansadas, pesadez o retención.
Cómo se aplican
El relajante usa amasamientos, presión media-firme y maniobras variadas sobre el músculo, adaptándose a las zonas de más tensión. El drenaje linfático es mucho más suave: se trabaja con presión ligera y movimientos lentos y rítmicos, siguiendo el recorrido del sistema linfático — no busca «trabajar el músculo» sino movilizar líquido.
Cuál pedir según lo que necesites
Si vienes con contracturas, tensión en cuello y espalda o simplemente necesitas desconectar, pide el relajante. Si notas las piernas pesadas o hinchadas, retienes líquidos o vienes de un postoperatorio ya dado de alta por tu médico, el drenaje linfático es la opción. Ambos duran entre 60 y 90 minutos y muchas clientas los alternan según la temporada.
¿El drenaje linfático adelgaza?
No directamente: ayuda a reducir la sensación de hinchazón por retención de líquidos, pero no elimina grasa. Suele combinarse con maderoterapia o presoterapia para un efecto más completo.
¿Cuál elegir si tengo poco tiempo y mucho estrés?
El relajante: está pensado precisamente para desconectar y soltar tensión acumulada.
¿Puedo combinarlos en distintas citas?
Sí, muchas clientas alternan uno u otro según cómo se encuentren esa semana.
Reserva tu masaje
Te recomendamos cuál pedir según cómo te encuentres.

